En profundidad

Así pienso, así me siento: Creencias metaemocionales y regulación emocional

Ilyana Arbulu Franco de Sarabia Universidad Complutense de Madrid, MindLab

 

Existe abundante evidencia sobre la implicación de problemas en el procesamiento y regulación de las emociones en la génesis y mantenimiento de desórdenes emocionales (De Castella et al, 2013;Gross, & Muñoz,1995; Taylor, 2000). Esta disregulación emocional vendría dada principalmente por la puesta en marcha de estrategias de regulación emocional ineficaces, que mantendrían y exacerbarían la experiencia emocional (Suri, Sheppes, & Gross, 2013). Por ejemplo, ante una acontecimiento como una ruptura sentimental, una persona puede tratar de manejar sus emociones de varias formas, desde rumiar el acontecimiento hasta intentar analizar o re-evaluar la situación desde otras perspectivas. Estas dos estrategias afectarían de forma diferente a su experiencia emocional.

Ilyana Arbulu Franco de Sarabia

Investigadora Pre-Doctoral en el grupo de investigación MindLab. Licenciada en Psicología y Máster en Psicología Clínica basada en la evidencia .

Universidad Complutense de Madrid

ilyanaarbulu@estumail.ucm.es

Todas las personas tienden a reducir su malestar emocional e intensificar la experiencia de emociones positivas (Gross, 2013). Sin embargo, muchas personas seleccionan estrategias desadaptativas sin saberlo, por lo que uno podría preguntarse ¿Qué determina que regule su emoción de una forma u otra? Si bien existen numerosos estudios que analizan el proceso de la regulación emocional , así como su papel en los desórdenes emocionales, hasta la fecha poco se ha estudiado sobre los factores que influyen en la elección de estrategias de regulación perjudiciales frente a estrategias que han probado ser más adaptativas y eficaces.

Desde diferentes modelos se han propuesto hipótesis sobre qué podría afectar a esa elección. Uno de los más relevantes es el de la teoría metacognitiva (Wells, 2000), a pesar de haber focalizado su atención tradicionalmente en las creencias sobre las consecuencias los pensamientos, propone que estas creencias influirían en la percepción de todos los fenómenos internos, entre ellos las emociones (Manser, Cooper,& Trefusis, 2012). De igual forma, una de las ramas fundamentales en la inteligencia emocional y que precede a la regulación emocional, es el conocimiento emocional, la información y percepción que se tiene sobre las emociones propias y ajenas (Briñol, Petty, & Rucker, 2006). Por último, una de las perspectivas clínicas más recientes, el modelo de disregulación emocional, propone que las preocupaciones funcionan como una evitación de las emociones, al existir en estos individuos fuertes reacciones de miedo e intolerancia a estados internos desagradables (Behar, DiMarco, Hekler, Mohlman, & Staples, 2009; Mennin, Heimberg, Turk, & Fresco, 2005; Roemer, Salters, Raffa, & Orsillo, 2005).

Estos antecedentes apuntan a que podría ser la percepción que el individuo tiene de sus emociones lo que desencadenaría el uso de estrategias desadaptativas, siendo tan importante la emoción que sentimos como la representación mental o valoración que se tiene de la misma.

Lo que pienso sobre lo que siento

La literatura revisada arroja luz sobre una nueva línea de investigación que ha teorizado sobre la existencia de creencias o esquemas sobre las emociones (creencias meta-emocionales) que influirían en la apreciación que el individuo hace sobre las mismas y, por lo tanto, en cómo las experimenta y regula (De Castella et al, 2013; Leahy, 2002; Manser, Cooper, & Trefusis, 2012).

En la actualidad no existe un consenso respecto a la definición de estas creencias ni una tipología común, encontrando por tanto propuestas diversas entre las que destacan la de las creencias sobre las emociones (Manser et al, 2012), sensibilidad a la ansiedad (Reiss, 1991),teorías implícitas sobre la emoción (Tamir, John, Srivastava, & Gross, 2007), esquemas emocionales (Leahy, 2002), expectativas sobre utilidad de las emociones (Tamir, Ford, & Gilliam, 2013) o el miedo hacia las emociones (Mennin et al, 2005; Williams, Chambless, & Ahrens,1997).


Modelo metacognitivo de los esquemas emocionales (Leahy,2002).

A pesar de que cada autor propone una caracterización y tipología específica, acompañado en muchas ocasiones de un instrumento de medida, también poseen elementos en común. De esta forma, podríamos denominar creencias meta-emocionales a las representaciones o esquemas mentales sobre las características y naturaleza de la emoción (valencia, peligrosidad, duración, controlabilidad), así como evaluaciones sobre sus consecuencias (utilidad, consecuencias perjudiciales, valor social). Estas creencias por lo tanto influirían en cómo la emoción es percibida, guiando esta percepción el proceso de regulación emocional (Leahy, 2002; Mennin et al, 2005).

Modelos influyentes en el área

Dos de las perspectivas más influyentes en la actualidad serían la de los esquemas emocionales (Leahy, 2002) y las teorías implícitas de la emoción (Tamir, John, Srivastava, & Gross, 2007).

El modelo de esquemas emocionales de Leahy (2002) aporta una interesante perspectiva sobre el funcionamiento e influencia de los esquemas emocionales, que define como pensamientos sobre el procesamiento, evaluación y reacción frente a las emociones. De esta forma, ante la percepción de una emoción, un individuo puede normalizarla o percibirla como patológica, en función de los esquemas emocionales que posea sobre ella. Si considera su emoción normal, utilizará estrategias adaptativas (como la aceptación o la reevaluación) y la regulará exitosamente. Sin embargo, si patologiza esa emoción por tener unos esquemas inadecuados, podría actuar tratando de evitarla, mediante el uso de sustancias, por ejemplo; o reaccionando negativamente ante ella, poniendo en marcha estrategias desadaptadas como la preocupación o la rumiación.


Diferencias en la estimación de la experiencia emocional entre alumnos con creencias de entidad e incrementales (Tamir, John, Srivastava, & Gross, 2007).

Ambas actuaciones llevarían a una sensación de falta de control y una exacerbación de la experiencia emocional, que a su vez perpetuaría la visión negativa de esa emoción, así como el uso de esas estrategias desadaptadas.

El trabajo de Tamir (2007) y el equipo de la Universidad de Stanford se encuentra más centrado en las implicaciones de estas creencias en el proceso de regulación y la consecuente experiencia emocional del individuo. Su hipótesis sobre la existencia de teorías implícitas sobre la emoción diferentes se encuentra basada en las teorías implícitas de la inteligencia que Dweck propuso en 1986 (Dweck, 1986). Identifican dos tipos de creencias sobre las emociones: en primer lugar, las emociones pueden ser percibidas como "entidad", algo no maleable. En base a este tipo de creencia, presumiblemente la persona hará un menor uso de estrategias intencionales para regular su emoción, escogiendo estrategias más centradas en la evitación (Kappes, & Schikowski, 2013). De forma contraria, aquellas personas que posean teorías "incrementales" sobre sus emociones, las considerarán algo maleable, por lo que realizarían mayores intentos de regularlas y por lo tanto, facilitando una mayor eficacia en el proceso, mejorando su habilidad mediante ensayo y error.

Estas creencias no sólo influyen en la regulación y experiencia emocional a corto plazo. En un estudio longitudinal realizado en el primer año de universidad, se observó que aquellos que poseían creencias de entidad hacían menor uso de la reevaluación, considerada una de las estrategias de regulación emocional más eficaces. Además, estos alumnos al final del curso informaban de haber experimentado emociones negativas más intensas y frecuentes que las positivas y mostraban mayores síntomas depresivos. Además, las creencias de entidad también se relacionaron con un menor apoyo y ajuste social y una menor satisfacción vital. Al contrario, los alumnos con creencias incrementales, que hacían un mayor uso de la reevaluación, percibieron menos experiencias emocionales negativas y más positivas, observándose en ellos menor índice de depresión y mayores apoyo social y satisfacción vital (Tamir, John, Srivastava, & Gross, 2007).

 

Resultados similares se encontraron en otro estudio longitudinal realizado en adolescentes. En este estudio, los alumnos que poseían creencias incrementales sobre las emociones mostraron menores síntomas depresivos y un incremento en su bienestar a lo largo de los tres años de duración del estudio (Romero, Master, Paunesku, Dweck, & Gross, 2014).

Creencias metaemocionales y problemas emocionales

Otros estudios han explorado la influencia de las creencias meta-emocionales sobre la regulación emocional, encontrando a nivel general una relación entre unas creencias más adaptativas y una regulación emocional exitosa.

Estos mejores resultados vendrían dados por una mayor persistencia y esfuerzo para manejar sus emociones, mejorando a través de los ensayos la eficacia de sus estrategias (Tamir, & Mauss,2011).

En la otra cara de la moneda, la evidencia preliminar apunta a que poseer creencias meta-emocionales disfuncionales propiciaría una visión amenazante de las emociones, aumentando el malestar subjetivo y relacionándose con un mayor uso de estrategias desadaptativas de regulación emocional como la supresión (Tamir et al, 2007), evitación (Kappes, & Schikowski, 2013), preocupación (Stapinski, Abbott, & Rapee, 2010) o rumiación (Singer, & Dobson, 2009). Además, se ha observado una mayor presencia de síntomas fisiológicos y somatizaciones en individuos con una baja comprensión de sus emociones o creencias sobre la inutilidad o invalidez de las mismas (Taylor, 2000).

Por otro lado, se ha observado una mayor presencia de las mismas en individuos con problemas de ansiedad (Tirch, Leahy, Silberstein, & Melwani, 2012) o depresión (Marquart, Overholser, & Peak, 2009; Romero, Master, Paunesku, Dweck, & Gross, 2014; Tamir et al, 2007), trastorno de conducta alimentaria (Fox et al, 2013), trastorno de ansiedad generalizada (Mennin et al, 2005; Roemer, Salters, Raffa, & Orsillo, 2005), trastorno de pánico y agorafobia (Taylor, 1995) y fobia social (De Castella, Goldin, Jazaieri, Ziv, Heimberg, & Gross, 2014). Estos datos podrían apuntar a una posible implicación de estas creencias en el origen y/o mantenimiento de estos trastornos, posiblemente mediado a través de las dificultades en la regulación emocional ligados a dichas creencias.

Implicaciones en la práctica clinica

La aplicación clínica del trabajo sobre las creencias metaemocionales es un área en constante desarrollo. Algunas orientaciones existentes como la terapia cognitivo conductual o terapias de tercera generación como el mindfulness o la terapia de aceptación y compromiso tratan de forma implícita estas creencias. De esta forma, a través de técnicas psicológicas basadas en la evidencia por ejemplo, además de validar las emociones del paciente, se podrían modificar ciertas creencias disfuncionales (p.e. "no puedo controlar mi ansiedad, durará para siempre") al aumentar su conocimiento al respecto. Por otro lado, a través de la exposición o la reestructuración cognitiva, se pondría a prueba esas creencias, sustituyéndolas por otras más adaptadas y aumentando el repertorio de estrategias de regulación emocional al propiciar la aproximación a la emoción con un afrontamiento activo (Tirch, Leahy, Silberstein, & Melwani, 2012). En este sentido, un reciente estudio observó como en efecto el tratamiento cognitivo conductual lograba modificar las creencias de entidad de pacientes con fobia social, relacionándose estos cambios en sus creencias con una mejora significativa de sus síntomas (De Castella et al, 2015).

Sobre la conveniencia de incluir intervenciones específicas sobre las creencias meta-emocionales disfuncionales, un trabajo previo sobre ellas podría ayudar a reducir el abandono y fracaso de estrategias como la exposición, considerando beneficioso modificar estas creencias antes de exponer al paciente, a fin de que sea capaz de aprender otras más adaptadas y por lo tanto, la exposición no resulte tan aversiva (Leahy, 2007) .

A nivel específico, Leahy y su equipo han creado una terapia centrada en el trabajo sobre los esquemas emocionales, la cual se centra en identificar los esquemas emocionales específicos de la persona, para posteriormente ponerlos a prueba a través de herramientas como el diálogo socrático y los experimentos conductuales con el objetivo de sustituirlos por otros más ajustados a la experiencia emocional real (Leahy,2011).

Conclusiones y futuras direcciones

La reciente creación de esta línea de investigación propone varias limitaciones y retos.

En primer lugar, la gran diversidad existente en la terminología empleada dificulta la realización de estudios comparativos. Así mismo, existen varias propuestas de medida de este concepto, sin haber un consenso en cuanto a su empleo ni estructura factorial. A esto último, debe sumarse que en nuestro país no existe ningún instrumento con el que poder evaluar estas creencias. No obstante, a pesar de estas limitaciones y de la juventud de este campo de estudio, los resultados recogidos hasta el momento resultan prometedores, existiendo evidencia preliminar de una relación entre las creencias emocionales y los problemas de regulación emocional, piedra angular de muchos trastornos emocionales, por lo que parece que el desarrollo de estrategias de intervención sobre los mismos podría ser de gran utilidad para una mayor comprensión de estos problemas así como el desarrollo de tratamientos de mayor eficacia.

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