En profundidad

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NECESIDADES DIFERENCIALES EN INTERVENCIÓN EN PACIENTES CON IMPACTO POR DIAGNÓSTICO Y/O PROCESO ONCOLÓGICO

Rosario Morales, Marta de la Fuente y Julia Vidal
Comisión "Emociones y Salud"

 

El objetivo de este artículo es reflexionar sobre si un psicólogo en su práctica clínica, sin formación en psicooncología debe/puede intervenir con pacientes inmersos en un proceso de enfermedad oncológica:

  • Va dirigido a psicólogos/as especialmente para aquellos en ejercicio en el ámbito privado, por las dificultades añadidas que comportan, en el tema que nos ocupa.
  • Pretende exponer sucintamente las características diferenciales del paciente oncológico respecto al paciente que acude a consulta con cualquier otra demanda de tipo emocional.

Las enfermedades oncológicas se están convirtiendo en una de las enfermedades físicas en la que más abordaje psicológico se está proporcionando. Estas enfermedades se convierten en procesos de enfermedad crónica, y aunque no todas las personas que las padecen necesitarán de un abordaje psicológico, los estudios indican que al menos un tercio de los pacientes presentan importante distrés emocional en alguna de las fases de la enfermedad: diagnóstico o prediagnóstico, tratamiento, periodo libre de enfermedad, recaída o fase terminal.

 

Rosario Morales

Psicóloga Clínica USM-Hospital de Requena, Valencia.
Coordinadora de la Comisión "Emociones y Salud" de la SEAS.

Marta de la Fuente

Psicóloga Sanitaria.
Psicooncóloga en MD Anderson.

Julia Vidal

Psicóloga Sanitaria .
Coordinadora de la Comisión "Emociones y Salud" de la SEAS.

 

Este porcentaje es lo suficientemente alto como para prepararnos ante esta actual demanda que va incrementándose.

Cada vez aumenta más el número de pacientes que se atienden en consulta pública o privada con algún desorden emocional con predominio de factores psicológicos que recibe un diagnóstico de enfermedad oncológica, y se va a ver inmerso en un proceso complejo, médico y emocional.

Cuando un paciente al que estamos atendiendo viene con la demanda de atender su proceso oncológico, nos surgen algunas preguntas: ¿cómo debe actuar el psicólogo/a?, ¿debemos seguir con la terapia que habíamos iniciado?,¿somos el profesional indicado para atender el proceso oncológico?, ¿estamos formados en las herramientas y en el abordaje para intervenir sobre las emociones reactivas a este proceso?, ¿es necesario contar con la colaboración de otro profesional especializado?
Tras estas preguntas vayamos a una reflexión más general: ¿Por qué existen psicólogos con formación específica en psicooncología? Esta reflexión nos pone en camino.
Creemos que es una necesidad de todos los psicólogos que nos encontremos en esta situación pararnos, recabar información y tener claras las respuestas a las preguntas planteadas antes de volver a sentarnos delante de nuestro paciente.
Es evidente que, si han aparecido profesionales con una formación específica en estos procesos oncológicos, es debido a que para poder intervenir con estos pacientes no basta con la formación clínica general, sino que es necesaria esa formación de intervención psicológica específica. Además, se hace necesario también tener conocimientos generales de la oncología médica, tratamientos, características de las enfermedades, efectos secundarios, pronóstico, etc.
Tenemos que tener en cuenta que sin esta formación específica no vamos a desarrollar adecuadamente la intervención psicológica. En estos casos se hace imprescindible tal formación, la supervisión de un experto en este campo, y/o tener interconsultas interdisciplinares con el equipo sanitario que esté atendiendo o llevando a cabo el tratamiento de oncología médica.
Este último punto, se hace difícil como podéis imaginar desde el ámbito privado, por lo que razón de más, tener un conocimiento suficiente sobre la base de la enfermedad médica y los tratamientos se vuelve imprescindible.
Por otro lado desde la experiencia, se sabe que hay que ser prudentes y no podemos tener solo en cuenta la información que nos proporciona el paciente oncológico, ya que es habitual que su información sea parcial, que pueda interpretar la información que recibe de manera sesgada, o que con nuestras preguntas, le “forcemos” a buscar más información de la que necesita o puede conocer en ese momento, contribuyendo con esto a generar una mayor situación de estrés o angustia en el paciente.
Es de crucial importancia conocer en qué consiste la enfermedad y la fase en la que se encuentra y el pronóstico de la misma para abordarlo de manera adecuada en función de estos parámetros, anticipándonos así al proceso de adaptación que el paciente va a necesitar hacer, las dificultades con las que puede encontrarse, los miedos y necesidades que van a ir surgiendo.
Además de las técnicas que utilizamos en clínica, con pacientes oncológicos se hace necesario el conocimiento y manejo del counselling. Esta herramienta facilita el espacio para que la persona formule y exprese sus preocupaciones y necesidades. Esto posibilita que el paciente adopte un rol activo en su tratamiento de lo que va a depender un afrontamiento adecuado que ayude en el ajuste al proceso.
Así como cuando hacemos una evaluación clínica,  tenemos presente aquellos factores sobre los que centrar nuestra evaluación y posterior intervención, que guardan relación con los modelos explicativos, predisponentes y mantenedores funcionales del trastorno emocional o psicopatología sobre la que vamos formulando nuestra hipótesis de trabajo, cuando tenemos enfrente una persona con una enfermedad oncológica, pueden  ser de ayuda tener como referencia  algunos de los temas sobre los que versarán las preocupaciones y necesidades emocionales de las personas con cáncer y sus familiares. A modo de resumen, os detallamos algunos a continuación:

  • Impacto emocional del diagnóstico. Aparecen emociones negativas, tristeza, rabia, ansiedad ante lo desconocido, el miedo, la incertidumbre... A estas emociones, se añade el imperativo del papel sobredimensionado de las emociones positivas asociadas de manera popular a un buen pronóstico: “tengo que estar positiva”, generando sentimientos de culpa e incrementando el malestar emocional.
  • El miedo al dolor, el impacto por su imagen física, el miedo a la muerte, etc.
  • Duelo por la pérdida de salud y la irrupción en el proyecto de vida de la enfermedad y sus tratamientos, movilización de estrategias de afrontamiento activo y normalización de la cotidianidad en semejante contexto extraordinario.
  • Tras la finalización del tratamiento, aparecen emociones encontradas de alivio y temor por la pérdida del “paraguas de seguridad” que el propio tratamiento y la conducta activa de estarse ocupando del problema suponían. Aparece el llamado “Síndrome de la Espada de Damocles”, fenómeno que surge por el temor a la recidiva. Aprender a vivir con la incertidumbre para el resto de su vida y manejo de la ansiedad cuando se acercan las revisiones oncológicas, será un objetivo para regular esas emociones y generar nuevas estrategias de afrontamiento.
  • La “conspiración de silencio”, que puede surgir cuando la familia en su afán de proteger al paciente se niega a que le sea comunicada información, generando gran malestar emocional en el paciente, la propia familia y el equipo médico. A veces, el fenómeno es doble, siendo también el enfermo quien teme expresar o preguntar sobre sus temores para no preocupar a sus seres queridos.
  • Espiritualidad y Sentido de la vida. Cuando alguien se enfrenta a la posibilidad de la muerte, cuando vive con la incertidumbre en su vida, teniendo que aprender a convivir con ella, surge la necesidad de tratar cuestiones que no son habituales en terapia fuera de este contexto.
  • La claudicación familiar, cuando nos encontramos con una dificultad de los familiares para ofrecer respuestas adecuadas a las demandas del paciente, generando un gran sufrimiento tanto para el paciente como la familia e interfiriendo en la comunicación. Algunos ejemplos pueden ser: no tolerar el sufrimiento personal o del paciente, bloqueo de la expresión emocional generando sentimientos de culpabilidad, aislamiento social, aparición de enfermedades o somatizaciones por estrés, incapacidad de asumir el rol, consumo de sustancias, etc.
  • El duelo anticipado en los familiares y el duelo posterior si se produce la muerte.
  • Esto último nos lleva a plantearnos que si se trata de pacientes cuya fase de enfermedad condiciona que el abordaje médico no sea de tratamiento activo, si no de Cuidados Paliativos, es absolutamente necesario derivar a un clínico con formación en psicooncología. En estos casos el psicólogo va a ser figura crucial en el acompañamiento a la muerte, proceso que no es habitual en clínica y que requiere de algo más allá de la formación específica para el abordaje del paciente y su familia.Para este proceso se hace necesario un trabajo personal específico del psicólogo/a sobre el miedo y el afrontamiento a la muerte.
  • Es importante trabajar con el paciente oncológico la buena alianza terapéutica con el equipo médico (oncólogo/a y personal de enfermería).

Tras esta información, está en cada uno de nosotros como profesionales, la toma de decisiones responsable para la aceptación o derivación en su caso del paciente, conforme a nuestra formación y experiencia.

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