Entrevista

¿Podemos medir la felicidad?

Entrevista al Dr. Gonzalo Hervás de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), experto en Psicología Positiva que nos hablará del  Indice Pemberton.

Dr. Gonzalo Hervás Torres es doctorado en Psicología ,  profesor asociado de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y experto en Psicología Positiva. Dentro de este ámbito, su línea de investigación se ha centrado en la aplicación de esta disciplina al ámbito clínico, la evaluación del bienestar psicológico y los factores intervinientes en él, así como de la resiliencia y el crecimiento tras la adversidad.

Desde su surgimiento a finales de los años noventa de la mano del Dr. Martin E. P. Seligman, la Psicología Positiva ha ido abriéndose paso en un entorno en el que en muchas ocasiones, impera el modelo de enfermedad, ampliando las miras del estudio de la Psicología a conceptos como la resiliencia, el crecimiento tras la adversidad y las fortalezas.

Sin duda, dentro de este campo, el estudio y la medición de la felicidad es uno de los que más interés ha suscitado en las últimas décadas, dada su elevada importancia social. Es por esta razón, que la búsqueda de medidas eficaces de la felicidad y el bienestar psicológico ha sido un objetivo constante en las últimas décadas, siendo el Indice Pemberton de Felicidad (PHI; Hervás & Vázquez,2011), una interesante propuesta en este área.  Este índice ofrece una medida individual de felicidad, tanto experimentada como recordada, lo cual lo diferencia de anteriores propuestas. Además, tiene en cuenta tanto componentes eudaimónicos como hedónicos en el nivel de felicidad, por lo que supone una medida muy completa.

Para hablarnos de este índice y del estado actual de la Psicología Positiva en nuestro país, tenemos a uno de sus creadores, el Dr. Gonzalo Hervás Torres, de la Universidad Complutense de Madrid.

Durante muchos años la Psicología Clínica ha estado muy centrada en el estudio de la Psicopatología, dando menor importancia a factores protectores como la felicidad o la resiliencia, fundamentales para esta nueva perspectiva.

Sin embargo, ahora que la Psicología Positiva parece estar desarrollándose,  ¿Considera que se ha abierto más camino en la práctica diaria de la psicología clínica?

G. Hervás:   Creo que así es. Cada vez más clínicos se interesan por las intervenciones positivas y se está viendo, tanto en el campo aplicado como en el de la evaluación de tratamientos que la Psicología Positiva pueden aportar mucho a los tratamientos de trastornos tan importantes como la depresión o la esquizofrenia. A veces puede parecer que la Psicología Positiva plantea un programa vital basado en la sonrisa vacía y el pensamiento positivo ingenuo. Esto es sobre todo debido al efecto de la corriente mediática centrada en la felicidad que poco tiene que ver con la Psicología Positiva real.

Hay que decir que esta visión es completamente falsa. E insistir también en que esa visión deformada no debería ser usada como una vía fácil para desacreditar este campo. Las intervenciones positivas promueven aspectos que nada tienen de superficiales, como las experiencias de fluir o de agradecimiento, el sentido vital, o el crecimiento tras la adversidad, entre otros muchos. Y lo más importante, no hay ningún planteamiento a priori ni un programa predeterminado. Simplemente se trata de generar conocimiento en este campo, antes bastante desatendido, para comprenderlo mejor, y desarrollar intervenciones nuevas, ante las cuales, lo que se vea que es útil se recomendará para su uso, y lo que se vea que es inútil o contraproducente se transmitirá de igual manera. Esa es al menos nuestra visión.

El equipo de trabajo que coordina es una referencia a nivel nacional en el estudio de la Psicología Positiva desde hace años, ¿En qué líneas de investigación se encuentran trabajando actualmente?

G. Hervás:  Los proyectos más importantes de los últimos años han sido el desarrollo del índice Pemberton de felicidad  por una parte, y la evaluación del impacto de una intervención positiva en niños con cáncer. Este momento, junto con Mª Dolores Avia e Iván Blanco, estamos desarrollando una intervención basada en el recuerdo positivo en personas mayores con discapacidad intelectual.

Por otra parte, estamos llevando a cabo dos ensayos clínicos. El primero compara Terapia Cognitivo-Conductual con la Terapia Positiva, ambas en formato grupal, en personas con depresión clínica. Y en segundo lugar, otro ensayo dirigido a personas con trastornos mentales graves (sobre todo, síntomas residuales de esquizofrenia), también en formato grupal, en donde comparamos una intervención centrada en habilidades sociales con una intervención basada en la psicología positiva. En ambos casos, los resultados, aunque preliminares, indican que la terapia positiva es una intervención muy bien aceptada por los pacientes y que supone resultados comparables a las intervenciones de referencia, e incluso con mejoras en ciertos parámetros. Resultados en línea con otros estudios que están siendo publicados en las revistas más importantes del campo. Aquellos que dicen que la Psicología Positiva no es eficaz sencillamente están haciendo una lectura muy sesgada, por no decir falseada, de los datos disponibles.
 

El “índice Pemberton” que usted y el Prof. Carmelo Vázquez proponen supone un gran avance en la búsqueda de medidas eficaces de la felicidad. Podría comentarnos, ¿Qué considera que aporta esta nueva medida a este campo de estudio?

G. Hervás:   El bienestar psicológico o la felicidad es un constructo complejo que para poder apresarlo debe incluir diferentes perspectivas. En este índice hemos intentado recoger los avances más importantes y generar una medida equilibrada que refleje el constructo latente de bienestar. Y para ello, emplea diferentes indicadores como por ejemplo la satisfacción vital, el nivel de emocionalidad positiva y negativa, el bienestar eudaimónico, el bienestar experimentado...etc. Y todo ello, de forma sintética, en 21 items (10 de ellos dicotómicos). Por otra parte, es quizá el intento más ambicioso hasta el momento de evaluar el bienestar de forma transcultural; es decir, una medida que permita, por ejemplo, comparar el nivel de bienestar de diferentes países. En este sentido, la construcción de la escala se realizó simultánemaente en siete idiomas y nueve países, con participantes provenientes de la población general, y eligiendo los mejores items para el conjunto global de países y no sólo para un único país (que habitualmente suele ser EEUU).

A pesar de la posible concepción popular de la felicidad como algo aparentemente universal, se han hallado diferencias entre cómo diferentes culturas perciben su bienestar. Su estudio contaba con muestras pertenecientes a 9 países de diferente cultura, religión e idioma. ¿Cuáles fueron los resultados más destacables al respecto?

G. Hervás:  En efecto, hay algunas diferencias, sobre todo entre los países orientales y occidentales. Lo que hemos observado es que los participantes de Japón, por ejemplo, tienen una tendencia a puntuar más bajo cuando se les pregunta por su satisfacción vital, es decir, cuando reconstruyen de forma global su bienestar, y sin embargo puntúan más alto cuando se les pregunta por lo sucedido el día anterior, es decir, una medida de lo que se llama el “bienestar experimentado” en la que la memoria y la reconstrucción juegan un papel menor. En el resto del mundo sucede justo lo contrario. Por eso, es importante usar simultáneamente ambas aproximaciones -bienestar recordado y experimentado- cuando se compara el bienestar en diferentes naciones a nivel global, en estudios como los que proponen organizaciones como la OCDE o la ONU por ejemplo.

Dada la situación actual, la incidencia de problemas mentales como la depresión o la ansiedad ha subido considerablemente en nuestro país, lo que se podría considerar que afecta al bienestar subjetivo de la población. En su investigación, ¿han encontrado diferencias en el nivel de felicidad de España respecto a la de países que se encuentran en una mejor situación económica y social?

G. Hervás: Según nuestros datos, en las que se incluyen varias oleadas desde el año 2008, el nivel de bienestar en España ha sufrido una reducción importante.

El último informe de la ONU también presenta datos similares para España (http://unsdsn.org/wp-content/uploads/2014/02/WorldHappinessReport2013_online.pdf). Obviamente, la situación económica y laboral, las perspectivas limitadas de futuro, o el desencanto con las instituciones son factores que están detrás de este retroceso. La pregunta es cuándo volveremos a llegar a los niveles de felicidad de 2008, y quizá más importante, qué estrategia es la más adecuada para gestionar la crisis en términos de bienestar, más allá de los aspectos puramente económicos.

Por último, la Psicología Positiva y el estudio de la felicidad parece tener un futuro muy prometedor por delante. En este sentido,  ¿qué aplicaciones o qué campos cree que tendrán un mayor desarrollo o impacto en los próximos años?

G. Hervás: En los últimos años, se ha desarrollado mucho el bienestar organizacional, lo que a veces se denomina el “bienestar en el trabajo”, y es un área clave que puede aportar mucho a la sociedad. En el campo de la educación también está empezando a desarrollarse y, aunque parece que puede ser muy útil, es importante evaluar el impacto concreto que van teniendo estas intervenciones en términos de prevención de problemas así como de promoción del bienestar. En el campo de la clínica recientemente se están evaluando con buenos resultados intervenciones positivas para mejorar la eficacia de los tratamientos psicológicos en campos importantes como por ejemplo, la deshabituación tabáquica, o en condiciones médicas como el dolor crónico, o el cáncer. Hay mucho por hacer, los resultados son prometedores pero hay que ser estrictos en cuanto a que la aplicación de este tipo de intervenciones en general debe hacerse en combinación con otras técnicas ya validadas, y sólo si hay evidencia de que realmente aporte mejoras con respecto a los tratamientos ya asentados.