Epidemiología de los trastornos de ansiedad

La realización de estudios epidemiológicos no es tarea fácil, pues implica la evaluación de muestras muy amplias, correctamente seleccionadas, que han de ser evaluadas necesariamente por muchos especialistas en psicodiagnóstico (convenientemente entrenados para usar los mismos criterios). Todo ello implica necesariamente un gran gasto de todo tipo de recursos (económicos, humanos, etc.)

Una vez realizado el estudio, puede quedar obsoleto, al variar los criterios diagnósticos con los que se llevaron a cabo los trabajos de esta investigación.

Aparentemente, en una primera mirada rápida, los resultados de los diferentes estudios epidemiológicos no siempre son coincidentes. Pero es necesario tener en cuenta diversos factores antes de comparar los resultados de unos estudios frente a otros.

 En primer lugar, a la hora de comparar distintos datos sobre la incidencia de los trastornos de ansiedad, debemos tener en cuenta que existen diversos sistemas clasificatorios de desórdenes mentales, que son los que definen qué es un trastorno de ansiedad y qué síntomas deben cumplirse para diagnosticar un trastorno concreto. Hoy en día tenemos la DSM-IV TR y la CIE-10, que básicamente coinciden, aunque no son iguales. Pero debemos tener en cuenta también las versiones anteriores de estas dos grandes clasificaciones de desórdenes mentales (DSM-IV, DSM-III R, DSM-III, CIE-9, etc.), pues en ocasiones estaremos comparando estudios que han usado criterios diagnósticos diferentes.

En segundo lugar, debemos tener en cuenta las diferencias metodológicas entre unos y otros estudios a la hora de seleccionar la muestra que se va a estudiar. En este sentido, los estudios varían entre sí en gran medida. Así, por ejemplo, unos se realizan en un marco comunitario e intentan estimar el porcentaje de personas que presentan un determinado trastorno en una ciudad y, para ello, recurren a una muestra representativa del censo de la población. En cambio, otros estudios  pretenden estimar el porcentaje de pacientes que acuden a un centro de atención primaria y presentan trastornos de ansiedad. En este segundo caso, por ejemplo, se suele entrevistar a una muestra representativa de los pacientes que acuden a un centro. Mientras que otros estudios se centran en una muestra representativa de la población de personas que ha ingresado en el sistema hospitalario.

Un tercer factor importante se refiere al periodo de tiempo que considera cada estudio a la hora de determinar la incidencia de los trastornos de ansiedad, pues a lo largo del tiempo cambia el número de personas que sufren un trastorno. Un determinado trastorno tiene una prevalencia diferente si se considera un periodo de un mes, o si considera una prevalencia de un año, o si el estudio ha tomado como parámetro epidemiológico la prevalencia a lo largo de la vida.

Un cuarto factor a tener en cuenta es el instrumento de evaluación que se esté usando en cada estudio. Recordemos que existen diferentes clasificaciones de desórdenes mentales, pues bien, además debemos tener en cuenta que cada una de ellas ha dado lugar a diferentes instrumentos de evaluación: entrevistas estructuradas, inventarios, etc.

 Un quinto factor es el diseño de investigación (por ejemplo, una fase versus dos fases).

 Debemos también tener en cuenta otros factores, no menos importantes a la hora de comparar, como que unos estudios dan referencias para varones y mujeres por separado, mientras que otros dan referencias conjuntas.

 Por último no debemos olvidar que el diagnóstico de desórdenes mentales aunque ha mejorado muchísimo no está exento de dificultades. Así, por ejemplo, en los trastornos de ansiedad nos encontramos con un grave problema, como es la alta comorbilidad, de manera que se estima que tan sólo uno de cada tres pacientes presenta un único trastorno. Los otros dos (de cada tres) presentan más de un trastorno.

 Una vez tenidos en cuenta estos factores nuestras comparaciones serán mucho más acertadas y comenzaremos a encontrar muchas más coincidencias que las que encontrábamos en un primer momento.

Veamos un primer estudio llevado a cabo en Estados Unidos con 8.098 sujetos, en el que se encontró que el 17,2% de la población había padecido algún trastorno de ansiedad en el último año.

 

Figura 1: Datos del National Comorbidity Survey (Kessler et al., 1994)

 Referencia: Kessler RC, McGonagle KA, Zhao S, Nelson CB, Hughes M, Eshleman S, Wittchen HU, Kendler KS. Lifetime and 12-month prevalence of DSM-III-R psychiatric disorders in the United States. Results from the National Comorbidity Survey. Archives of General Psychiatry 1994; 51: 8-19.

Como puede verse en la figura 1, un 8,8% de la población ha tenido en el último año de su vida uno de los trastornos de ansiedad más frecuentes, generalmente no muy invasivo, la fobia simple. Otro 7,9% de la población ha tenido un trastorno de ansiedad mucho más discapacitante, la fobia social. El 2,3% de las personas ha tenido ataques de pánico. Un 2,8% ha desarrollado agorafobia sin pánico. Y se encuentra que el 56% presenta más de un trastorno de ansiedad.

Un tipo de estudio diferente fue coordinado por la OMS (Organización Mundial de la Salud). En esta ocasión se entrevistaron a 25.916 sujetos, en centros de atención primaria de 14 países.

Figura 2: Datos epidemiológicos de los trastornos de ansiedad en centros de atención primaria de 14 países (Goldberg y Lecrubier, 1995).

Referencia: Goldberg, DP & Lecrubier, Y (1995). Form and frequency of mental disorders across centres. En : Üstün TB, Sartorius N. (Eds.) Mental illness in general health care. An international study. Wiley.

En este estudio no se siguieron los criterios DSM, de la Asociación de Psiquiatras Americanos, sino los criterios CIE-10, de la OMS. No se tomaron muestras poblacionales, sino muestras de pacientes que acuden a su médico de Atención Primaria.

Otro estudio similar al anterior fue realizado en España, por Chocrón y colaboradores (1995)

Figura 3: Datos epidemiológicos sobre trastornos de ansiedad en España, según criterios DSM-III R (Chocron, et al., 1995)

Referencia: Chocrón Bentata, L, Vilalta Franch, J, Legazpi Rodríguez, I, Auquer, K, Franch, L. (1995). Prevalencia de Psicopatología en un centro de atención primaria. Atención Primaria,  16, 586-90.

Como vemos en la figura 3, en atención primaria, en España, siguiendo criterios del DSM-III-R, se han encontrado unos resultados de una prevalencia de 13.8% para trastornos de ansiedad. En cuanto a síndromes más concretos arrojan cifras de ansiedad generalizada de 7.3%, un 3% de trastorno de pánico y un 3% de trastorno obsesivo compulsivo.

 

No todo el mundo tiene la misma probabilidad de desarrollar un trastorno de ansiedad, sino que existen claramente una serie de factores de riesgo que pueden ser diferentes según cada trastorno (Horwath y Weissman, 1995):

 

  • Ataques de pánico: sexo femenino, edad media

  • Agorafobia: sexo femenino, raza afro-americana,  (entorno rural-urbano, datos contradictorios)

  • Fobia social: sexo femenino, 18-29 años, educación baja, solteros, clase baja

  • Ansiedad generalizada: sexo femenino, edad menor 30, raza afro-americana

  • Trastorno obsesivo-compulsivo: no diferencias sexo

Referencia: Horwath, E, Weissman, MM (1995). Epidemiology of depression and anxiety disorders. En: Tsuang MT, Tohen M, Zahner GEP. (Eds.) Textbook in psychiatric epidemiology. Wiley-Liss.